‘El Ávila’, cuando la migración se convierte en emprendimiento

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La familia de la caraqueña Jenny Bohórquez es una prueba de lo cercanas que son la cultura colombiana y la venezolana. Sus costumbres y forma de ver el mundo son el resultado de vivir la migración en dos vías. Crecer entre días de cenar changua rola o cocinar hallacas, beber café colombiano o acompañar la comida con un papelón con limón, en vez de levantar muros, les enseñó lo importante que es fijarse más en los puentes llenos de multiculturalidad y tolerancia que en las fronteras.

Su mamá es barranquillera, pero llegó a los dos años al vecino país, lo que ha hecho que se sienta como si fuera colombo venezolana. Elsi Aldana de Bohórquez tiene unas manos milagrosas: cose, teje, cocina rico y, pese a que no es la comida típica de su tierra natal, se convirtió en el cerebro detrás de la famosa receta de hallacas del negocio familiar.

“Yo vengo de un hogar bonito, donde la diferencia en nacionalidades en nada nos aleja, antes hace que nuestra familia sea más linda y enriquecida. Las canciones, las comidas y las costumbres siempre fueron mixtas”, dice.

Ricardo Bohórquez, su padre, es un bogotano que emigró a Venezuela a los 17 años. Empezó ejerciendo como obrero, luego se inició en el mundo de las artes gráficas y terminó siendo gerente de un periódico americano, el único en inglés en la ciudad. Desempeñó ese cargo a cabalidad, sin siquiera hablar dicho idioma. A punta de ingenio.

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