Los presos políticos en Venezuela: ¿un sufrimiento hecho paisaje?

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En 2020 se incrementa la represión y los detenidos llegan a 976 personas

El acumulado de arrestos por razones políticas realizados por las fuerzas represivas del “Socialismo del siglo XXI” en Venezuela arribó en el mes de marzo de este año, tras 20 años en el poder, a 15 mil 278 detenidos. Una cifra descomunal que incluye los retenidos temporalmente y a quienes llevan años recluidos en los calabozos del régimen.
Sin embargo, el sentido común nos dice que es muy probable que esa cifra se quede corta, porque el sistema ocultamiento de la información, la ausencia del debido proceso en las detenciones y la construcción de fake news por parte de los aparatos de desinformación del gobierno es tan grande, que resulta imposible calcular con exactitud cuántos venezolanos han sido llevados a la cárcel –y en muchos casos vejados, torturados y maltratados- por disentir o protestar contra el régimen militarista.
Por ejemplo, en el informe presentado el 28 de enero por Foro Penal, organización de derechos humanos que realiza un seguimiento impecable del tema, se revela un dramático incremento de la acción represiva que en 2020 ha alcanzado el más alto pico de las últimas dos décadas arribando a la cifra de 976 presos políticos.
De acuerdo a sus estadísticas, hasta el domingo 20 de enero el total de presos políticos registrados era de 273, una cifra que de acuerdo a la organización internacional Prisoners Defended ya convertía a Venezuela en el país con mayor cantidad de presos políticos en todo el continente americano, superando más de tres veces el número de presos políticos en Cuba.


Pero desde el 21 hasta el 28 de enero, Foro Penal registró 850 arrestos nuevos de los cuales, hasta el día de hoy, 703 siguen privados de libertad. Lo que quiere decir que, a pesar del Informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la escalada represiva no se detiene sino que crece y se hace directamente proporcional al desprestigio del régimen y a su ya irreversible pérdida de apoyo popular.


Sólo con una gran represión, que por cierto no logra acallar de manera definitiva la protesta, el régimen puede mantenerse en el poder. Por eso es cada vez más feroz y sangriento.
Lo paradójico es el poco peso que esta dramática situación, este descomunal acumulado de sufrimiento humano, humillación, y violación de las libertades democráticas, tiene en la opinión pública y el casi nulo espacio –al menos en Colombia es muy notorio-, que ocupa en los medios informativos internacionales.


Puede ser un reflejo de la poca movilización de protesta que en el interior del país se registra en torno al fenómeno. O del hecho que son tantas las catástrofes, carencias y abusos que se padecen en Venezuela que el crecimiento exponencial del número de presos políticos se va volviendo paisaje: un dato menor de nuestro infortunio.
Que los venezolanos y las democracias occidentales nos acostumbremos al horror, es lo peor que nos puede pasar. La existencia masiva de presos por razones de conciencia resalta el carácter bárbaro y totalitario del régimen chavista. Y a Venezuela la hace menos país, menos pueblo y menos nación. Un campo de concentración de 912 mil kilómetros cuadrados.

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