Migrantes cuentan cómo vivieron su embarazo en la pandemia

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Por Redacción El Pitazo -18 abril, 2020

Desde Ecuador, Chile y España, tres madres cuentan cómo fueron sus procesos para dar a luz en los países que escogieron para vivir. Hay un punto en común, ellas vivieron la parte final de la gestación en medio de la pandemia mundial del COVID-19, algo que las llenó de miedo pero que las hizo fuertes para establecer un plan con el objetivo traer a sus hijos al mundo sanos y salvos

Redacción: Madelen Simó Sulbarán

Muriel Tremontt, Angélica Martínez y Carla Fernández son mujeres venezolanas que viven en países distantes, pero que tienen algo en común: la gestación en medio de una pandemia.

Contaron a El Pitazo cómo dominaron el miedo para superar las últimas semanas de embarazo en medio de la crisis por la expansión mundial del nuevo coronavirus en los países que las acogieron.

Enfocarse en un parto feliz

Muriel Tremontt, de 36 años, se convirtió en madre por segunda vez el pasado 6 de abril en Guayaquil, Ecuador, un país que hasta el 16 de abril registraba 8.225 casos de contagios de coronavirus y 403 fallecidos, según reportes de www.depor.com.

Llegó a Guayaquil en diciembre de 2018. “Decidimos este destino porque vimos la posibilidad de ejercer profesionalmente la docencia. Además, el trámite de la visa en ese momento era sencillo y teníamos familiares en esta ciudad”, recuerda.

Muriel es licenciada en Teatro, graduada en la Universidad Nacional Experimental de las Artes. En Venezuela trabajó por más de 15 años como actriz, docente y directora teatral, además creó la Compañía Integral de Teatro “Pequeños Actores”. Pero un día decidió migrar por la difícil situación económica y social. Primero se fue su esposo y varios meses después, ella y su primer hijo emprendieron camino a Ecuador.

Al llegar a Guayaquil, Muriel consiguió empleo en una tienda de ropa femenina, luego se convirtió en la profesora de teatro de una academia de danza, donde también trabajó en el área de producción y difusión. En ese país recibió la noticia de su segundo embarazo, un motivo de alegría que se empañó cuando la despidieron de la academia.

Como extranjera, Muriel tuvo el temor de dar a luz en Ecuador, pero la preocupación se minimizó cuando conoció historias de otras madres que habían parido en Guayaquil. Luego renacieron las dudas cuando comenzó a llegar información sobre el coronavirus.

“El coronavirus lo veía como algo lejano, porque estaba en China y era complejo que llegara a Latinoamérica. Pero en febrero me entero que llega el paciente cero a Ecuador y entro en pánico, sobre todo por el desconocimiento”, relata.

En ese momento Muriel tenía siete meses de gestación y un plan de parto organizado. Se controlaba en un centro de salud gratuito y como se quedó sin empleo, renunció a tener un parto en una clínica.

“Un amigo médico me invitó a que conociera el Hospital Guasmo Sur. Me gustó mucho porque estaba dotado de equipos y personal, y la doctora que me atendió fue respetuosa con lo que había decidido tener: plan de parto natural, con una dula (matrona) y con mi esposo entrando a sala de parto”.

Cuando las cifras comenzaron a subir en Guayaquil, Muriel todavía confiaba en su plan de parto, pero el hospital donde pensaba dar a luz era el mejor dotado de la ciudad y por eso comenzó a colapsar con los pacientes de coronavirus.

“El médico me avisó que su personal de obstetricia había sido trasladado a la maternidad de Guasmo. Todo el plan había cambiado, eso fue a mediados de marzo, ya estaba en la semana 37”.

Muriel evitó programarse en función del miedo para preservar su sistema inmune y adaptó el plan de parto a su nueva realidad, tenía claro que el nacimiento de su bebé sería un “parto feliz”.

“Comencé a asistir a charlas con dulas para el trabajo de parto en el hogar; mucha gente me recomendó parir en casa, pero no me atreví, porque si daba a luz en casa tenía que salir de ella con la bebé y luego el alta médica podía tardar de 3 a 4 días. Lo que sí podía hacer era retrasar lo más posible la llegada al hospital y mi estadía allí, entonces comencé a prepararme para un trabajo de parto casi a término en mi casa”, señala.

Muriel explica que tanto su esposo como ella, tienen meses trabajando a destajo y ahora, con el aislamiento, permanecen en casa. La situación económica se ha complicado y asegura que no han recibido ayuda del gobierno ecuatoriano ni del venezolano. Solo le han tendido la mano sus amigos y su familia.

Esta madre se preparó para reconocer lo que su cuerpo manifestaba y cuando comenzaron las primeras contracciones, dijo: “Llegó el momento, voy a parir. Mi esposo me preparó baños de agua tibia, me hice amiga de la contracción, evité gritar y respiré mucho. Claro que hubo momentos en los que lloré, pero no podía dejarme vencer por el dolor, debía esperar lo más posible en casa, era la 1:00 de la madrugada y aún estaba el toque de queda que terminaba a las 6:00 am”. Muriel llegó a las 7:00 am a la maternidad y a las 7:30 nació su bebé.

El temor de exponerse al contagio

Angélica Martínez, de 38 años, parió a su primer hijo en Viña del Mar, Chile. Tenía 39 semanas de gestación cuando dio a luz a una niña la mañana del 13 de abril. Su temor, como el de muchas mujeres en su condición, era el posible contagio de coronavirus. En Chile, las cifras al 16 de abril alcanzaban los 8.807 contagios y 103 personas habían perdido la vida, según lo reportado en www.dl.cl.

En junio de 2018 llegó a esa ciudad proveniente de Barinas. Se decidió por este destino porque tenía unas amigas que le ofrecieron recibirla cuando llegara a tierra chilena. En Venezuela se desempeñaba como cajera en una entidad bancaria, pero su situación económica se complicaba y decidió aceptar la ayuda de sus amigas. “El sueldo no me alcanza ni para el mercado de un mes”, recuerda.

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