El drama cotidiano de los ciudadanos

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Filas de dos días ante las gasolineras, pagos irregulares en bolívares y divisas, corrupción en el suministro… Foto Cortesía.

Venezuela sin gasolina

Más allá de los desatinos de la política económica del régimen —que han conducido a la destrucción de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), la otrora principal empresa de América Latina— se encuentran las consecuencias emocionales y las incomodidades que padecen los ciudadanos venezolanos para surtir de gasolina a sus vehículos propios y al uso del transporte público.
Filas de dos días ante las gasolineras, pagos irregulares en bolívares y divisas, corrupción en el suministro y, sobre todo, una mezcla de angustia, incertidumbre y frustración. Todos los días. Y también un sentimiento de humillación.
Ya sabemos que el país con las más grandes reservas de crudo del mundo no solo ha reducido su capacidad de producción a 622 mil barriles diarios de crudo —Ecopetrol de Colombia produce 776 mil, es decir, más que Pdvsa— sino que no puede producir un solo litro de gasolina. Algo insólito que sabemos desde hace años pero ahora se dimensiona de manera extrema. Los sectores más afectados son la salud, la educación, el transporte y la producción agrícola. Médicos, personal paramédico, docentes, estudiantes, transportistas, empresarios y trabajadores del campo y otros servidores públicos conforman la gran masa de inhabilitados en un país que se resquebraja por todos lados.


El desabastecimiento de gasolina que venía siendo un problema real para la población desde hace por lo menos una década, especialmente en los estados frontera con Colombia, se ha intensificado en los últimos tres meses coincidiendo con la cuarentena por la covid-19 y la crisis del sistema público de salud. Pero más allá del distanciamiento social, los ciudadanos tienen que llevar a sus enfermos a los centros hospitalarios y a sus familiares fallecidos a los servicios funerarios y a realizar otras actividades que no pueden ser virtuales. ¿Cómo hacen?
La venta de gasolina, forma parte también del apartheid ideológico mediante el cual el régimen centraliza todo el asistencialismo estatal a través del carné de la patria: para la gasolina, las cajitas Clap y los bonos, entre otros, con lo que luego amarra el voto de los ciudadanos. Otra vez el sentimiento de humillación.


En lo inmediato no se ve solución alguna a la emergencia. Los 1.5 millones de litros de gasolina que los buques iraníes transportaron recientemente a Venezuela solo alcanzarán, según los entendidos, para 52 días de suministro. Lo que viene después nadie lo sabe aún. La travesía de tres semanas desde el Asia hasta el mar caribe —pasando por el mar arábigo, el mar Rojo, el estrecho de Ormuz, el Mediterráneo y el océano Atlántico— y los elevados costos de la compra hacen que el suministro iraní no resulte una salida sostenible. Gracias al socialismo del siglo XXI los venezolanos —a quienes el Estado prácticamente les regalaba la gasolina— tienen ahora que vivir un suplicio personal al momento de adquirirla.

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