El Trasnocho Cultural no se detiene

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El muy valioso equipo de Trasnocho Cultural. Foto cortesía.

Habla Silveig Hoogesteijn

El próximo 4 de octubre el Trasnocho Cultural cumple 19 años funcionando exitosamente. Representa una experiencia singular en el panorama cultural no solo de Venezuela sino de América Latina. Un concepto que integra las expresiones creativas. Por eso conversamos con su gerente general Solveig Hoogesteijn, destacada cineasta y promotora cultural venezolana, quien ha sido su gran impulsora desde antes del año 2001.

—¿Cómo se gestó esta experiencia?
—El gran reto fue cambiar el paradigma de una cultura patrocinada por el Estado, un banco o un consorcio privado, tradición en el país. Solo la total independencia económica nos permitiría la independencia necesaria para programar con calidad. Es posible mantener la calidad teniendo como única fuente de financiamiento los ingresos del público. Una apuesta riesgosa. Pero sentíamos que el público de Caracas estaba maduro para acudir a dos salas de cine de autor de todo el mundo; un teatro con lo mejor de la producción local y una galería de arte contemporáneo con exposiciones y ventas de artesanía y arte de calidad. Para mí fue una gran ventaja venir de la producción y dirección del cine, área que sabe lo que es la economía naranja, nuevo nombre para un hecho que ha existido siempre: la cultura como fuente de empleo y como servicio de primera necesidad, una actividad industrial.

—¿Cómo se creó el equipo?
—Con profesionales de amplia experiencia. Escoger personas creativas fue crucial, comprometidas, de amplia visión, a quienes convencimos que podíamos reunir en un solo espacio una oferta cultural múltiple, una sinergia en la cual un proyecto sostiene y complementa al otro. Hay que sumar un concepto estético minimalista, de fácil mantenimiento en espacios de alto tráfico y una estricta vigilancia del ‘buen gusto’ en cada uno de los proyectos de gerencia independiente. A los tres años pudimos abrir dos salas de cine más, un segundo teatro y ocupar cada espacio libre con una oferta novedosa. Hoy son doce los espacios: cuatro cines, dos teatros, dos restaurantes, una galería, una tienda de arte y artesanía, un centro de yoga, una vinatería, una librería, una venta de música, dos caramelerías, una chocolatería, un lounge.

—Un concepto integrador que creció rápidamente.
—El talento atrae al talento. Proyectos como el Concurso de Dramaturgia, el Festival de Teatro de Jóvenes Directores, concursos de diseño y de fotografía, talleres y conferencias han transformado al Trasnocho de un centro de difusión cultural en un centro de atracción, de encuentro de talentos, público y creadores. Es maravilloso lo que sucede en la Librería El Buscón, en los cineforos y festivales; en la gastronomía con un producto ancestral como el chocolate venezolano, en nuestra galería de artes visuales, en todos se busca el diálogo con el público para ofrecerles conocimiento, información y divertimento.
—Ahora Trasnocho muestra de forma digital teatro, cine, cursos de arte y foros. ¿Cómo surgió esta estrategia?
—Cerramos un día antes de que el gobierno decretase la cuarentena, al observar una reducción pronunciada de nuestro público de alto nivel educativo. La preservación de su salud y de nuestros empleados obligó a cerrar. Supe que la covid-19 traería cambios profundos en los hábitos y que pasarían varios meses antes de volver a reunir un grupo grande de personas en espacios cerrados. Mucha gente depende de nuestra actividad, no solo los empleados, también actores, técnicos, artistas, nuestros aliados. La única forma de mantener nuestra programación era migrar a una plataforma que la ofreciese directamente al público. Pero además debemos afrontar problemas de internet, telefonía, gasolina, agua y electricidad.

—¿Cómo producen los contenidos?
—Con nuestros aliados. Con ellos migramos la programación a la nueva plataforma. Comenzamos con tres obras de teatro grabadas y los cuatro cineforos de los sábados. La respuesta fue maravillosa y hemos crecido semana a semana. Se unieron aliados como Docomomo Venezuela, con una serie de excelentes conferencias de arquitectura y también profesionales del arte con coloquios especializados. Los medios digitales posibilitan la comunicación con el campo internacional. Pudimos integrar la diáspora venezolana no solo como público, también en la concepción y realización de nuestros contenidos. Hemos ofrecido talleres de formación con profesores desde México y EEUU, cineforos con especialistas de otros países, festivales de cine de Italia y Alemania, conferencias con expertos del mundo. Venezuela tiene un potencial creativo enorme y es nuestro deber darlo a conocer. Contamos además con un público leal, identificado con nuestra labor de resistencia. Ahora llegamos a un contexto mundial y a ciudades como Valencia, Maracaibo, Barquisimeto, Maracay, Puerto Ordaz. Un público que anteriormente tenía que viajar a Caracas para disfrutar de nuestra programación.

—Algún día volverán las actividades presenciales. ¿Qué va a pasar con esta experiencia digital?
—Deseo que esta experiencia digital quede paralela a la presencial. Diferida tal vez, pero seríamos tontos si una vez desarrollada la dejásemos morir. Es enorme el público hispanohablante que podemos conquistar. Son muchas las mentes brillantes que han abandonado nuestro país, pero sienten nostalgia por él, ese es un público potencial y si logramos un nivel de calidad crecerá. No me gusta hablar del futuro, pues todo cambia continuamente en los medios y las sociedades. En la capacidad de adaptación a las circunstancias, en nuestra respuesta creativa, estará nuestra fortaleza.

—¿Cómo les ha afectado la hiperinflación, la ausencia de servicios públicos, la carencia de gasolina y otros factores?
—Un centro cultural de nuestro tamaño debe afrontar la carencia de electricidad con inversiones en plantas eléctricas, atención redoblada en la protección de equipos; la carencia de agua con la compra continua de cisternas. La carencia de gasolina con un servicio de delivery en bicicletas. Mantener los precios accesibles ha sido otro elemento importante para sostener nuestra actividad. Es la voluntad de no dejarse vencer, de resistir, la que nos ha permitido sobrevivir.

—¿Cómo ves el futuro de la cultura en Venezuela?
—Cultura y educación son herramientas fundamentales para producir cambios en las mentes y en la vida pública. La cultura es un frente muy coherente que reflexiona sobre nuestra identidad, nuestra historia, para comprender cómo hemos llegado a donde estamos hoy. Sin cultura no hay progreso. Necesitamos una mentalidad nueva que no se deje arrastrar por mitos. Sin cultura no puede haber recuperación espiritual de nuestra identidad golpeada, con baja autoestima. La cultura nos acerca a experiencias en otros países que han sufrido situaciones similares, aunque pareciera que la venezolana es inédita en el mundo. El reto es muy grande. Pero nuestro potencial también lo es.

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