“En los jóvenes venezolanos Hay una llama encendida por la democracia”

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“Es asombroso entonces que los jóvenes venezolanos mantienen la expectativa de vivir en libertad, anhelen un país diferente y luchen por él”. Foto cortesía.

Habla Miriam Kornblith

Directora de National Endowment for Democracy (NED) para América Latina y el Caribe, con sede en Washington, la venezolana Miriam Kornblith es socióloga de la Universidad Católica Andrés Bello, con estudios de doctorado en Ciencia Política de la Universidad Central de Venezuela. Compartió sus visiones sobre el futuro de los jóvenes en América Latina

¿Cómo ves la presencia de los jóvenes en el debate democrático?
Lo que vemos desde NED, en los programas que apoyamos, es que están muy interesados en participar e incidir en la política, que se sienten frustrados por la inequidad, la corrupción y la falta de transparencia, pero que también están motivados por temas emergentes como ecología, igualdad de género, tecnología y redes sociales. Vemos una gran necesidad de renovación del liderazgo en muchos sectores: educativo, económico, político, artístico, religioso, organizaciones de mujeres, participación de los indígenas. Plantean visiones más dinámicas que conecten a Latinoamérica con lo global. Quieren incidir más en el cambio del patrón cultural, económico y político en la región.

¿Cómo mejorar interlocución entre jóvenes y gobiernos a fin de hacer más fluida su participación y disminuir sus niveles de frustración?
América Latina es muy heterogénea, tenemos gobiernos democráticos, democracias débiles y gobiernos claramente dictatoriales como Cuba, Nicaragua y Venezuela. La relación entre la juventud y quienes gobiernan varía. En las democracias hay mucho espacio para los jóvenes. Desde NED apoyamos organizaciones muy activas en temas de transparencia, acceso a la información, gobierno electrónico o gobierno abierto. En dictaduras como Cuba, el caso más extremo, los jóvenes apenas pueden manifestarse y tienen mínima capacidad de incidir en el gobierno. Pero usan redes sociales como Facebook y Twitter para expresar que no creen en las mitologías revolucionarias del pasado, para manifestar su frustración por sus condiciones de vida y su deseo de emigrar. Lamentablemente hay una situación similar en Venezuela y Nicaragua.

¿Cómo mantener el entusiasmo democrático de los jóvenes venezolanos y evitar que pierdan las referencias de libertad, equidad y respeto por los derechos?
En los últimos 20 años, estos jóvenes han vivido bajo un modelaje antidemocrático. Es asombroso entonces que mantengan la expectativa de vivir en libertad, anhelen un país diferente y luchen por él. Muchos han estado desde 2007 al frente de la movilización social y política, liderando iniciativas en derechos humanos, libertad de expresión, trabajo comunitario y capacitación de nuevos líderes. Hay una llama encendida en favor de la democracia.
Me ha impactado mucho la idea del daño antropológico que genera el totalitarismo. La escritora Svetlana Aleksiévich, ganadora del Nobel, habla del homus soviéticus refiriéndose al legado profundo que dejó el régimen soviético en los ciudadanos. Dagoberto Valdés ha desarrollado esta idea en América Latina, desde su experiencia en Cuba, describiendo cómo esa penetración ideológica desactiva la voluntad, la autoestima y la vocación de participación. El antídoto está en hacer lo contrario, en crear programas que rescaten la dignidad humana y fortalezcan a los líderes. Ambientes como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua son muy castrantes, pero seguimos viendo iniciativas maravillosas que ratifican que el anhelo por una vida digna es intrínseco al ser humano.

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