Los radicales abrazan el nuevo macartismo

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Un viejo fantasma recorre el mundo

En 1950, en plena Guerra Fría, el senador norteamericano Joseph McCarthy comenzó una campaña anticomunista al frente del Comité de Actividades Antiestadounidenses. Desde esa posición lanzó graves acusaciones —sin prueba alguna— contra personalidades de la política, las artes y las ciencias de su país. Gente que fue denigrada, que perdió su empleo y el respeto de sus conciudadanos. McCarthy llegó a afirmar que la Unión Soviética había infiltrado el Departamento de Estado. Tuvo rasgos cercanos al fascismo. El macartismo (en español) llevó su ‘caza de brujas’ hasta 1956, cuando fue destituido por el Congreso de EEUU, sin haber probado la supuesta conspiración comunista.

Después de 70 años el macartismo está de vuelta en Estados Unidos con los discursos de Donald Trump contra Joseph Biden, a quien califica de ‘socialista’. Afirma que su rival electoral podría convertir a EEUU en una nueva Cuba o Venezuela. Como McCarthy, no arroja pruebas. No puede. No las tiene.

Lo curioso es que ese revival ha llegado a Venezuela con matices particulares. Muchos radicales de oposición repiten las proclamas de Trump y aseguran que Biden es ‘comunista’ y que la liberación de Venezuela del régimen actual exige la reelección del presidente norteamericano. Claro, cada cual puede decidir sus preferencias políticas si tenemos vocación democrática. Lo malo es cuando comienza la ‘caza de brujas’ criolla. Las acusaciones sin fundamento han comenzado a llamar comunistas a venezolanos que no simpatizan con Trump. En esa categoría estarían ilustres economistas y analistas como Ricardo Hausmann y Moisés Naím, de probada trayectoria democrática. Fuera de nuestras fronteras los escritores Mario Vargas Llosa y Richard Ford, muy críticos de la gestión de Trump, también serían comunistas. ¿Quién puede creerse tal cosa?
El colmo más evidente es el juicio y la persecución en las redes sociales que han hecho a Erika de La Vega porque se declaró a favor de Biden.
Lo más grave de tal actitud persecutora es que estos sectores de la oposición venezolana se están identificando con los postulados del fascismo y el autoritarismo, todo lo opuesto a la democracia. Incluso repiten conductas del propio chavismo. Los extremos se tocan.
Olvidan que el comunismo ya no existe. China (más capitalista no puede ser), Corea del Norte, Cuba, Nicaragua y Venezuela son regímenes dictatoriales, autoritarios.
El fantasma que planteaba Carlos Marx en el Manifiesto comunista de finales del siglo XIX es eso: un fantasma.

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