¿Es xenófoba Claudia López?

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Migrantes acusados de delincuentes

La pregunta viene al caso por el alud de rechazo y descontento que han generado las declaraciones de la Alcaldesa de Bogotá quien dijo en una conferencia de prensa: “No quiero estigmatizar, pero existe un grupo de delincuentes venezolanos que me están haciendo la vida de cuadritos”.
La reacción coral fue inmediata. De rechazo abrumador. Las redes se llenaron de indignación. Voces individuales de especialistas internacionales en derechos humanos, venezolanos exiliados políticos en Colombia, colombianos activistas de reconocidas oenegés, incluso Tomás Guanipa, el embajador del presidente interino Juan Guaidó, oficialmente reconocido por el gobierno colombiano, expresaron su rechazo total a las ambiguas frases que asocian la migración venezolana al delito. Y, por supuesto, no han faltado líderes políticos colombianos que han intentado aprovechar la oportunidad con posiciones extremas como la de comparar a Claudia López con Adolfo Hitler.
Un observador neutral podría encontrar exagerado el alud. Si embargo el fenómeno tiene al menos dos explicaciones. La primera, es que hoy en día existe una alta sensibilidad internacional contra todo fenómeno de discriminación y abuso de poder que pongan en riego los avances en la defensa de los derechos humanos y el respeto a la diversidad. Ya sea esta de género, étnica, religiosa o de nacionalidad.
La segunda es que la Alcaldesa violó una de las normas de la comunicación en torno a los fenómenos migratorios: “No estigmatizar a los migrantes en los temas delictivos”. Un principio elemental. Un delincuente es alguien que quebranta la ley y, en consecuencia, merece castigo. Cada país tiene sus reglas de juego y establece penas, que incluyen multas y cárcel a quien delinque, independientemente de la nacionalidad del delincuente. Porque en definitiva se trata de una actuación individual que no es responsabilidad del grupo humano al que pertenece ese individuo.


Cuando esa condición delictiva se transfiere al grupo específico (los árabes, los homosexuales, los negros, etcétera), cuando esa acción individual se atribuye al origen de quien lo comete —una generalización del tipo “los colombianos son narcotraficantes”, como se dice aún en los Estados Unidos, o “los marroquíes son carteristas”, como era y es aún usual entre la ultraderecha española— entonces la mesa está servida para que la xenofobia se extienda amenazadoramente contra los inmigrantes.
La respuesta responsable a la pregunta inicial es: “Nos sabemos si Claudia López es xenófoba pero, por sus declaraciones, lo parece¨. Y, no lo olvidemos cuando se trata de temas políticos, en asuntos de opinión pública, lo que “parece” pesa mas que la verdad. Claudia López haría bien si rectifica públicamente.

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