¿Una polarización fuera de escala?

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Trump versus Biden

Como si el destino de Venezuela hubiese estado en juego en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Así fueron vividas por un número en apariencia elevado de venezolanos la reciente contienda entre Biden, el candidato demócrata, y Trump, el republicano.
Por unas cuantas semanas, lo que suele aquejarnos a los venezolanos antimilitaristas —los abusos del régimen dirigido por Maduro, la escasez de gasolina, lo presos políticos— pasaron a un segundo plano y en el centro del ring, como tema único, quedó el dilema de votar por Trump o hacerlo por Biden. O, más bien, apoyar a uno o al otro, porque en realidad una buena parte de quienes opinaban ni siquiera son ciudadanos con nacionalidad y derecho al voto.
Lo que ocurrió fue una ruda confrontación entre aquellos a quienes les resultaba inaceptable que hubiese venezolanos que no apoyaran a Trump y aquellos otros a quienes, con la misma intensidad, les parecía incomprensible, síntoma de ignorancia y atraso, que hubiera venezolanos que votaran por Trump.
Ocurrió lo que algunos analistas han denominado un proceso de ‘polarización cainita’. Es decir, una forma violenta, intolerante, despiadada y sin matices del tratamiento de las diferencias políticas que ocurre no entre personas pertenecientes a bandos enfrentados sino entre miembros de una misma opción política —en este caso venezolanos por la democracia— que adversan un enemigo común: en este caso la dictadura dirigida por Nicolás Maduro.
Lo más llamativo es que en el fondo de ambos reproches estaba el mismo fantasma: Chávez y el chavismo. En sus dos vertientes, la comunista y la autoritaria, que no necesariamente son iguales. Para unos votar contra Trump era ser desagradecido con el ‘gran benefactor’ en la lucha contra la dictadura y abrirles la puerta a amigos de los comunistas. Y para otros, votar por Trump era hacerlo por un personaje autoritario, narciso, intolerante y violador de la institucionalidad democrática exactamente igual a Hugo Chávez y al chavismo, pero de otro signo ideológico. Alguien que, además, nos tuvo engañados y nunca ordenó la invasión para rescatar la democracia en Venezuela.
Las elecciones pasaron. Muy pronto se sabrá si la estrategia con Venezuela cambiará o, como alertaron muchos, seguirá siendo más o menos la misma como razón de Estado. Pero queda el sabor amargo de un fenómeno de opinión pública que pone al descubierto la vulnerabilidad emocional y cognitiva de una población —las clases medias venezolanas de la resistencia democrática— que víctimas del desencanto y las derrotas, han perdido la confianza en sí mismos y sus iguales, y han adoptado los mismos métodos de negación al diálogo que le cuestionan al chavismo.
Un lastre que de no tratarse colectivamente será un gran obstáculo para el momento de la reconstrucción nacional, cuando tengamos que ponernos de acuerdo en cosas mucho más profundas y decisivas para nuestro destino.

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