Venezuela: de aliviadero a base militar de la nueva guerrilla colombiana

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Todo parece apuntar a que el anuncio de vuelta a las armas realizado el 29 de agosto por tres altos exlíderes de las Fuerzas Armada Revolucionarias de Colombia (FARC) sea una nueva etapa de las “relaciones peligrosas” que el chavismo ha mantenido con los movimientos guerrilleros colombianos desde el momento mismo del arribo de Hugo Chávez a la presidencia de la República en 1999.
Chávez y el chavismo jamás ocultaron sus afinidades ideológicas y sus vínculos operativos con los grupos irregulares del país vecino. En el año 2008, en un Aló presidente, Chávez pidió que se le quitara a las FARC el calificativo de terroristas y se les declarara “fuerza beligerante” con un territorio bajo su control. Ese mismo año, cuando alias Raúl Reyes fue abatido en un bombardeo a un campamento de las FARC, el entonces presidente venezolano, en el mismo talk show, pidió y guardó un minuto de silencio por el jefe guerrillero sacrificado y acuso al gobierno colombiano de “cobarde asesinato”.

En julio de 2010, Luis Fernando Hoyos, embajador de Colombia ante la OEA, denunció que Venezuela se había convertido en aliviadero de las FARC, mostró pruebas de que en su territorio había 87 enclaves y más de 1.500 cuadros del frente guerrillero.

Y, desde 2013, tal y como lo ha denunciado la onegé venezolana Redes, una vez que Maduro accedió a la presidencia, la presencia del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en territorio venezolano se hizo rutinaria, maneja emisoras de radios, tiene presencia en numerosas comunidades indígenas del Amazonas y participa en el reparto de las bolsas CLAP.
Pero el anuncio de los ex líderes de las FARC la madrugada del 29 de agosto abre un nuevo capítulo de esta relación. Porque de ser cierto lo que denuncian organismos de inteligencia del gobierno colombiano y varias onegés venezolanas, el gobierno de Maduro ya no solo ofrece el territorio venezolano como aliviadero de la guerrilla, sino que con su apoyo de ahora en adelante Venezuela se convertiría en una especie de base militar desde donde la alianza de las nuevas FARC y el viejo ELN podrá organizar y dirigir sus acciones bélicas en territorio colombiano.
El nuevo escenario las fuerzas insurreccionales colombianas formarían parte de las estrategias de defensa del régimen venezolano ante la presión diplomática de Colombia. También un recurso para perturbar el proceso de paz. Un gran reto para el gobierno y la nación colombiana cuyos demócratas deberían de manera conjunta aislar a los terroristas reincidentes y denunciar internacionalmente el apoyo del régimen venezolano. Un acto que lo convierte, definitivamente, en un Estado forajido.

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