Dos Parlamentos agredidos

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Venezuela y Estados Unidos

Apenas abrió enero y en su primera semana el nuevo año registró sendas agresiones a las instituciones legislativas de dos países muy diferentes pero cercanos históricamente: Estados Unidos y Venezuela.
El 5 de enero el régimen de Nicolás Maduro perpetró otro acto de usurpación al instalar en Caracas una Asamblea Nacional espuria —surgida de unos comicios fraudulentos— para desplazar la legitima Asamblea Nacional elegida democráticamente en diciembre de 2015. En esa puesta en escena abundaron muestras de oportunismo y autoritarismo.
Un día después, el presidente norteamericano saliente, Donald Trump, intentó sabotear el acto de reconocimiento del presidente electo Joe Biden en Washington, a través de mensajes en redes sociales que instigaron la agresión física de sus partidarios contra el Capitolio. Hubo violencia, muertos y heridos. Se decretó toque de queda. Pero se impuso la legalidad.
Dos incidentes aparentemente inconexos pero unidos en la intención de alterar la legalidad institucional. En el caso venezolano se impuso el régimen de facto, aunque esa AN oficialista no podrá celebrar operaciones financieras en el exterior ni vender activos de la Nación, salvo a Rusia e Irán. En el caso estadounidense, en cambio, se impuso la legalidad y la opinión pública mostró su indignación.


Ambas agresiones han tenido reacciones distintas en los medios. Por ejemplo, la agencia EFE —propiedad del Estado español— ha informado sobre la AN madurista con un claro sesgo a favor del régimen. Despachos informativos publicados en la prensa española, venezolana y colombiana anuncia la ‘toma’ de la nueva Asamblea Nacional pero nunca dicen que ese parlamento es inconstitucional ni que los comicios del 6 de diciembre no fueron reconocidos por más de 50 democracias. El País, de España, a través de su corresponsal en México, Francesco Manetto (¿por qué no usa sus corresponsales en Venezuela?), cuestiona más a la oposición venezolana que a la ilegalidad del régimen. Mientras, la Unión Europea vacila en su apreciación de la nueva situación.
En Estados Unidos, en cambio, los medios más importantes condenaron la agresión contra el Congreso, señalando la responsabilidad del presidente saliente. Incluso Twitter y Facebook cerraron las cuentas de Trump por considerar que estimulaban la violencia y ciertos círculos conservadores lo señalaron como censura. Pero olvidan que todos los medios deben tener un compromiso ético con sus informaciones.
Ninguna de estas agresiones ha concluido. Tanto en EEUU como en Venezuela se prevén situaciones difíciles.

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