Sobre héroes y tumbas

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Venezuela hoy

Alfonso Molina

El siglo XXI ha significado para Venezuela su período más confuso y desconcertante. Desde el 6 de febrero de 1999 hasta nuestros días ha transitado una ruta llena de contradicciones, esperanzas y frustraciones, siempre bajo la hegemonía de un régimen surgido de elecciones que fue derivando hacia una autocracia moderna. Con altos y bajos. Con rebeldía y sumisión. Con héroes y tumbas, como dijo Ernesto Sábado en su célebre novela de 1961, referida al peronismo en Argentina. Hay procesos políticos que marcan a las sociedades pero también a los individuos. Como el chavismo y su herencia dictatorial encarnada en Nicolás Maduro.
El país que atraviesa este febrero de 2021 se encuentra en una situación marcada por la diversidad de posiciones ante la manera de solucionar la crisis humanitaria compleja que padecemos como sociedad y que todos conocemos. Tanto los partidos políticos como los individuos han desplegado durante veinte años sus fuerzas para superarla. Con los votos, con las marchas, con el apoyo de la Iglesia y con la solidaridad internacional. Y mucha gente se pregunta por qué un gobierno que padece hoy el rechazo de 90% de la población permanece en el poder. La razón se ubica en la ausencia de unidad opositora y de dirección política, es verdad, pero también en la represión brutal y la complicidad de las fuerzas armadas con el narcotráfico. En un régimen criminal. Los venezolanos hemos dejado en el camino muchas víctimas, muchos héroes y muchas tumbas.

Todo parece indicar que los venezolanos no tienen noción de esperanza, es decir, la aspiración de un cambio que altere las condiciones actuales en sus vidas. Anhelan subsistir en el día a día.


En este marco, la sociedad venezolana en sus múltiples expresiones ha formulado respuestas espontáneas de desolación y desesperanza. Si antes —no hace mucho— los ciudadanos se lanzaban a la calle a protestar y a exigir el cambio de gobierno, hoy se expresan de una forma más dolorosa. Para sintetizarlo en pocas palabras: los empresarios, los estudiantes, los gremios, los trabajadores, los comerciantes, los artistas y otros sectores claman por una supuesta normalidad. Cada cual quiere hacer lo que sabe hacer. No está atentos al discurso político. No reconoce a los líderes de la oposición y tampoco a los del oficialismo. Los ciudadanos están agotados.
Todo parece indicar que los venezolanos no tienen noción de esperanza, es decir, la aspiración de un cambio que altere las condiciones actuales en sus vidas. Anhelan subsistir en el día a día. El futuro diferente es hoy un concepto abstracto e inasible. Poco real. Como viven muchos ciudadanos en la Cuba actual o en la República Popular China. ¿Pragmatismo? Sí, es algo válido como forma de supervivencia. No se pude culpar a quienes necesitan producir y generar empleo, a quienes buscan llevar el sustento a sus familias, a quienes tienen el deber de llegar a mañana.
Pero sin visión. Como indicaba ‘El Informe de los ciegos’ del tercer capítulo de Sobre héroes y tumbas.

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